Llueve.
Y no me importa.
No me importa que mi ropa se empape. No me importa calarme hasta los huesos. No me importa el frío que azota sin piedad mi cuerpo.
Tristeza. Creo que se llama así lo que siento ahora mismo; y la verdad, no me gusta nada. Duele.
Es más, no me importaría romper ahora mismo esa promesa que me hice hace tantos años. Ahora mismo, no me importaría romper a llorar.
Llorar.
Llorar y llorar. Descargar todo eso que oprime mi corazón, que estrangula mi ser, que hace que me ahogue en la oscuridad de mi alma.
Sí, realmente me gustaría. Y total, con todo este agua corriéndome entre los cabellos bajando por mi rostro nadie me vería. Ni siquiera yo me vería; podría engañar al mundo. Podría hacer trampas, por esta vez no contaría.
Sí, sería algo bonito.
Pero de todas formas todo esto no sirve si las lágrimas no llaman a las puertas de mis ojos. Aunque, quien sabe, quizás ya esté llorando, aunque no se vea.
Quizás lo que esté llorando sea mi corazón.
Ay, jopé, que bonito. *^*
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